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Formada en 1989 por Lee Dorrian, ex vocalista de Napalm Death, Cathedral se destacó como una de las bandas más longevas e influyentes del doom metal en las últimas cuatro décadas. Aunque se separaron en 2013 después de su último álbum The Last Spire, su legado perdura. Mientras la Cathedral se preparaba para su despedida final, Lee Dorrian reflexionó sobre su carrera envuelta en humo, de una banda que ayudó a mantener viva la bandera del doom.
La situación del doom metal en los 80
Durante la década de 1980, el doom metal estaba en una etapa fracturada y apenas comenzaba a consolidarse como “escena”. Bandas como Candlemass y Trouble lograron cierto éxito en el mainstream, pero otras como Pentagram, Witchfinder General y Saint Vitus existían en un entorno aislado, sin apoyo ni exposición. A pesar de la escasez de público, sus seguidores eran extremadamente leales, y uno de ellos, Lee Dorrian, se encargó de dar el primer paso para que el doom metal creciera y se transformara en un movimiento underground próspero.
Los orígenes de Cathedral
Desilusionado con la dirección musical de Napalm Death y con el circo mediático que rodeaba su éxito inicial, Lee Dorrian fundó Cathedral después de una conversación entre borrachos con su amigo y también fan del doom, Mark ‘Griff’ Griffiths. Ambos se unieron al ex guitarrista de Acid Reign, Garry ‘Gaz’ Jennings, también un apasionado del doom, y comenzaron a trabajar en material nuevo, con la meta de crear el doom metal más pesado posible.

Después de realizar algunas demos de canciones dolorosamente lentas que Lee describió como “un acorde por minuto”, la banda incorporó al ex compañero de Acid Reign, Adam Lehan, en la guitarra rítmica, lo que ayudó a definir el sonido que luego plasmarían en su primer álbum de estudio, Forest of Equilibrium (1991).
El enfoque en Forest of Equilibrium
Con un sonido profundamente enfocado y con un material completamente fuera de lo común, Forest of Equilibrium se destacó como uno de los álbumes más representativos de la banda. “Hay álbumes con mejor producción o con canciones más destacadas”, comentó Lee Dorrian, “pero creo que es el más centrado que hemos hecho. Captura un momento en el que hacíamos todo a contracorriente, y creo que es el mejor”. La banda estaba totalmente centrada en la creación de un álbum que definiera su identidad dentro del doom metal.
Evolución musical en Soul Sacrifice (1992)
La llegada del baterista Mark Wharton, también ex-Acid Reign, junto al EP Soul Sacrifice, marcó una transición en el estilo musical de Cathedral. Lee explicó: “Gaz y Adam empezaron a desarrollar un estilo de composición más complejo. Aunque al principio no quería que cambiáramos, acepté la nueva dirección. Al principio, me costó acostumbrarme, pero al final me convenció que era un buen paso adelante”.
El desafío con The Ethereal Mirror (1993)
El segundo álbum de Cathedral, The Ethereal Mirror (1993), representó un salto enorme para la banda. En ese momento, Cathedral había firmado con la discográfica Columbia Records en los Estados Unidos, lo que trajo consigo presiones para entregar un producto más accesible. Lee recuerda: “Si íbamos a lanzar un disco en una de las discográficas más grandes del mundo, querían que sonara bien, aunque su definición de ‘bien’ no coincidiera con la nuestra”. Esta presión los llevó a estudiar en Manor Studios, donde se grabaron clásicos como Tubular Bells de Mike Oldfield y Never Mind the Bollocks de los Sex Pistols.

A pesar de la tensión en el estudio y la sensación de que los temas no estaban listos, The Ethereal Mirror fue un éxito, pero las tensiones internas comenzaron a crecer debido a las giras impuestas que no querían hacer.
La disolución de la banda y la vuelta a los orígenes
Tras los conflictos internos y la salida de miembros como Griff y Adam, Lee y Gaz se vieron obligados a contratar músicos temporales para cumplir con sus compromisos. Finalmente, después de una serie de cambios y frustraciones, la banda reclutó al bajista Leo Smee y al baterista Brian Dixon, quienes se convertirían en miembros permanentes. La banda grabó su tercer álbum, The Carnival Bizarre (1995), que recibió elogios por su energía renovada, aunque las giras continuas dejaron poco espacio para la preparación de un nuevo disco.
La presión fue tal que, para Supernatural Birth Machine (1996), Lee reveló: “No ensayé ni una sola canción del álbum. La mayoría fueron primeras tomas y muchas de las letras fueron escritas 10 minutos antes de grabarlas”.
Retorno a la esencia con Endtyme (2001)
Después de varios álbumes que comenzaron a distanciarse del sonido más pesado que Cathedral había cultivado al principio, Lee Dorrian presionó para que la banda regresara a sus raíces en Endtyme (2001). Este álbum marcó una vuelta al doom más puro, aunque los conflictos persistieron. Y y con The VIIth Coming (2004), la banda volvió a experimentar un sonido más pulido, lo que hizo que Lee se sintiera insatisfecho con la dirección.
A pesar de los altibajos, Cathedral siguió evolucionando y, en 2010, lanzaron The Guessing Game, un álbum doble que mostró su lado más experimental y progresivo. Aunque no fue el último disco de la banda, el proceso creativo se benefició al sentir que ya no había una presión tan intensa.
La despedida con The Last Spire (2013)
Finalmente, después de una serie de conciertos de despedida y un último álbum, The Last Spire (2013), Cathedral cerró su capítulo con una obra monumental que resumió su carrera. «Es doom implacable, directo», afirmó Lee Dorrian. «Es como si hubiéramos grabado nuestro segundo álbum al final». Con este último trabajo, Cathedral dejó una marca indeleble en la historia del doom metal, demostrando que incluso en su despedida, seguían reinventando su legado.
El impacto perdurable de Cathedral
Pocas bandas han tenido tanto impacto en la evolución del doom metal como Cathedral. Desde canciones que invitan a la reflexión hasta otras que buscan crear un ambiente sombrío, su música ha sido innovadora y siempre ha desafiado los límites del género. El final de la banda, aunque trágico, podría considerarse un cierre perfecto para una carrera llena de altibajos, pero también de grandes logros.
